En pleno corazón del pueblo se abre la plaza de España, la cual destaca por su amplitud y por la belleza de su patrimonio arquitectónico. También encontramos en ella edificios públicos como son el Ayuntamiento, la Policía Local y el Juzgado de Paz.
Custodiada por las cigüeñas que en ella anidan, la Torre del Reloj se alza majestuosa junto a dos arcos de medio punto, siendo este conjunto parte del anterior escudo municipal. De forma cuadrada, fue construida de mampostería y ladrillo en el año 1953 y en su parte superior cuenta con un campanario.
Data posiblemente del año 1250. Edificación de mampostería y ladrillo, su fábrica corresponde al estilo románico de transición, acusando más el estilo gótico. También posee restos de arquitectura mudéjar como son un arco de herradura y un bello artesonado. El crucero está sujeto por nervaduras de piedra, típicas de bóvedas de crucería. En la estructura exterior se observa también un torreón, que parece ser estaba almenado, lo que hace pensar a algunos en un templo-fortaleza por influencia de los templarios.
Fundado en el año 1300 como beaterio, no fue hasta mediados del siglo XVI cuando pasó a ser convento. Para la construcción de la Capilla Mayor tuvo un papel fundamental Doña Leonor de Velasco, hija del V Conde de Siruela D. Gabriel de Velasco y de la Cueva, ya que dejó recogido en su testamento, fechado en 1621, su deseo de ser enterrada en ella. La capilla responde al estilo clásico del siglo XVII como ocurre también con el retablo, de talla dorada y de orden corintio.
Presidiendo la plaza, encontramos el Palacio de los Duques de Fernán-Núñez, del siglo XVII. Con un marcado carácter señorial, el edificio está formado por dos plantas, siendo su fachada de influencia barroca y su portada dieciochesca. Destaca la ornamentación de la entrada, formada por un relieve imitando dos columnas, repitiendo esta misma estructura en la planta primera y terminando ésta con cornisa semicircular, destacando en su parte central escudo nobiliario
A tan solo dos kilómetros del pueblo, sobre la falda de la sierra, se encuentra uno de los parajes de mayor belleza de toda la comarca. A ella se acercan a diario tanto fieles como personas que buscan un rinconcito de tranquilidad. El agua que baja de la sierra sirve para refrescar al caminante y para alimentar las ricas tierras que la rodean. En ellas, abundan árboles y arbustos como el quejigo, el madroño, la zarzamora o el aromático romero, además de productivas huertas, lo que da lugar a una variedad cromática y aromática única para los sentidos.
Francisco de Bargas nació en Siruela allá por el siglo XVI. Siendo muy joven marchó a las Américas, pasando largo tiempo en el Perú, de ahí que fuese conocido como el Perulero. Tras regresar del Nuevo Mundo, donde amasó una buena fortuna, puso en marcha su gran sueño: la construcción de un hospital. Éste estaba concebido para atender a los enfermos pobres con enfermedades no contagiosas, con capacidad para 12 camas, 6 reservadas para los hombres y otras tantas para las mujeres. En su testamento, fechado a 8 de septiembre de 1596, expresa el deseo de ser enterrado en la Capilla Mayor del hospital, lo que no fue posible puesto que a su muerte no había sido terminada, siendo sepultado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Antigua.